Pon los arándanos en un cazo junto con el agua y el azúcar o la miel, si quieres añadir un toque dulce. Cocina a fuego medio durante unos minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que los arándanos comiencen a ablandarse y suelten todo su jugo. Puedes aplastarlos ligeramente con una cuchara para conseguir una mezcla más uniforme.
Retira del fuego y tritura la mezcla hasta obtener una salsa de arándanos. Si prefieres una bebida completamente fina, puedes pasarla por un colador para eliminar las pieles y pequeñas semillas.
Deja que la preparación se enfríe antes de montar el café.
Prepara un café espresso y déjalo reposar unos instantes.
Llena un vaso con hielo y añade la salsa de arándanos. Incorpora la leche fría poco a poco y, finalmente, añade el café espresso. Hazlo lentamente para conseguir un bonito efecto de capas.
Termina con unos arándanos frescos por encima y sirve el café inmediatamente.
Antes de beberlo puedes mezclarlo para repartir bien todos los sabores.