Separa aproximadamente medio vaso de la leche fría y úsalo para disolver la maicena. Remueve bien hasta que no queden grumos.
Pon en un cazo el resto de la leche junto con la leche condensada, la vainilla y la rama de canela. Calienta a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que la mezcla esté bien caliente, pero sin dejar que llegue a hervir.
Bate los huevos en un bol y añádelos al cazo junto con la leche en la que has disuelto la maicena.
Cocina a fuego medio-bajo, removiendo continuamente con unas varillas para evitar que se pegue al fondo o que se formen grumos. Continúa removiendo durante unos 7 minutos aproximadamente, o hasta que la mezcla haya espesado y tenga una textura cremosa.
Retira del fuego y saca la rama de canela y la vainilla.
Reparte las natillas entre los vasos en los que vayas a servirlas y coloca una galleta María encima de cada una.
Deja que se templen y después guárdalas en la nevera durante al menos 4 horas antes de servir.
Justo antes de llevarlas a la mesa, espolvorea un poco de canela molida por encima.