Cuando pensamos en lo que daña los dientes, casi todos vamos directos al azúcar. Y sí, el azúcar tiene su parte de responsabilidad, pero hay un mecanismo que actúa antes y del que se habla mucho menos: la erosión ácida. No necesita bacterias ni caries de por medio, y afecta a alimentos que en cualquier otro sentido son perfectamente saludables.
El esmalte empieza a desmineralizarse cuando el pH de la boca baja de 5,5. Por debajo de esa cifra, los minerales que lo componen se disuelven. Y muchas cosas que tomamos a diario están bastante por debajo: un refresco de cola ronda el pH 2,5, un zumo de limón el 2, y el vinagre alrededor de 3.

La frecuencia importa más que la cantidad
Este es el concepto que cambia la forma de comer, y casi nadie lo conoce.
Después de cada ingesta, el pH de la boca cae y la saliva necesita entre veinte y sesenta minutos para neutralizarlo y devolver el equilibrio. Durante ese rato el esmalte está desprotegido y perdiendo mineral.
Si comes tres veces al día, el esmalte pasa por tres episodios ácidos y tiene tiempo de sobra para recuperarse entre ellos. Si picoteas seis o siete veces, aunque sean cantidades pequeñas, la boca vive en fase ácida buena parte de la jornada y la remineralización nunca llega a completarse.
Traducido a la práctica: una porción de tarta en la comida hace menos daño que tres caramelos repartidos por la tarde. Y una botella de refresco bebida a sorbos durante dos horas es probablemente el peor escenario posible.
Los sospechosos habituales
Cítricos y vinagres. El limón, el pomelo, el vinagre y las vinagretas tienen un pH muy bajo. No hay que eliminarlos, pero sí conviene tomarlos dentro de la comida y no a solas ni a sorbos.
Refrescos, incluidos los light. El problema no es solo el azúcar sino el ácido fosfórico y el cítrico que llevan. Un refresco sin azúcar sigue erosionando el esmalte igual.
Bebidas isotónicas y geles energéticos. Muy ácidos y consumidos justo cuando la boca está más seca por el ejercicio, que es cuando menos saliva hay para neutralizar.
Vino blanco y cava. Bastante más ácidos que el tinto, aunque el tinto tiña más.
Infusiones de frutas. Las de hibisco, escaramujo o frutos rojos tienen un pH sorprendentemente bajo. Si tomas varias al día, mejor con caña o alternando con agua.
El error que casi todos cometemos
Cepillarse inmediatamente después de comer algo ácido.
Parece lo lógico y es justo lo contrario de lo indicado. Tras un episodio ácido, el esmalte está temporalmente reblandecido, y pasarle el cepillo en ese momento arrastra material que todavía no ha vuelto a endurecerse. Con los años eso deja el diente más fino y más sensible.
Lo correcto es enjuagarse con agua para arrastrar el ácido y esperar entre treinta y sesenta minutos antes de cepillarse. Un chicle sin azúcar en ese rato estimula la salivación y acelera la neutralización.
Lo que sí protege
El queso curado es probablemente el mejor postre para tus dientes. Aporta calcio y fosfato, estimula la salivación y ayuda a neutralizar el pH. Tomarlo al final de la comida tiene sentido más allá de la costumbre.
Los frutos secos sin sal aportan minerales y requieren masticación, que estimula la saliva.
El agua, sencillamente. Beberla a lo largo del día mantiene el flujo salival, que es el sistema natural de limpieza y neutralización de la boca.
Las verduras crudas y crujientes, tipo zanahoria o apio, ayudan por arrastre mecánico y también estimulan la salivación.
Cuándo el desgaste ya está ahí
La erosión avanza en silencio. Los primeros signos son sensibilidad al frío, bordes de los dientes que se ven algo translúcidos y una superficie que ha perdido brillo.
Cuando el esmalte se adelgaza lo suficiente, deja pasar el color amarillento de la dentina que hay debajo, y ahí ya no hay marcha atrás: el esmalte no se regenera. Sí se puede frenar el proceso y, si el desgaste es importante, reconstruir la superficie afectada.
Si notas alguno de esos signos, conviene una valoración. Centros especializados en salud y prevención bucodental en Albacete como Instituto Dental Parque hacen esa exploración dentro de la revisión anual, y detectarlo pronto marca bastante diferencia. En su blog explican con detalle cómo se forma la placa dental y por qué el momento del cepillado importa tanto.
Según recuerda el Consejo General de Dentistas de España, la salud oral forma parte de la salud general, y la alimentación es uno de los puntos donde ambas se cruzan de forma más directa.


